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martes, 24 de mayo de 2011

La pesada sombra del patrimonialismo





Texto publicado el 18 de mayo de 2011

en http://blogs.eluniversal.com.mx,

blog de México Infórmate


Por Francisco Cuamea*

La relación ciudadano-gobierno revela hilos de poder

manejados por unos cuantos que son como una pesada

sombra patrimonialista y que oscurecen demasiados

puntos de la geografía nacional.

Un sinaloense tiene que pelear en instancias judiciales

por los estados de cuenta de aportaciones ciudadanas

para pavimentación que un municipio le negó.

En Veracruz pretenden eliminar que las resoluciones

del Instituto de Acceso a la Información de dicha entidad

sean definitivas y obligatorias para los sujetos obligados.

Las reformas a leyes de transparencia son aplazadas

tanto en la Cámara de Diputados, como en el Congreso

de Puebla, por ejemplo.

Información sobre fideicomisos ha sido negada

de manera reiterada por la dependencia pública

que resguarda la información.

La lista es larga y se extiende por distintos puntos

del territorio nacional, cuyo común denominador

es la opacidad gubernamental, aunque haya sus excepciones.

¿Cómo interpretar o entender que a más de 10 años

de que en el país se abrió la puerta a leyes de transparencia

y acceso a la información permanezcan las inercias opuestas

y continúen como instrumento de discurso?

La democracia se practica, no se dice. El vía crucis ciudadano

para defender su derecho a saber es un efecto del ejercicio

de poder que aún impera en México, el cual no tiene como

premisa el respeto a los derechos humanos, entre ellos,

el del acceso a la información, como lo establece

el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Cuando la apertura informativa es obstruida, negada, postergada

y complicada, el Estado no sólo revela el sentido patrimonialista

sobre los datos públicos, sino que además no intenta legitimarse

con la verdad. Si no sigue este camino, entonces quiere decir

que encuentra sus justificaciones en otra parte.

La historia moderna del país cuenta con suficientes hechos

como para asegurar que por décadas el Estado buscó

sostenerse por la fuerza y el miedo, no por el derecho,

que era siervo del poder.

Para el filósofo mexicano, Juan Federico Arriola, la libertad

de información es uno de los pilares de un gobierno legítimo.

“Cuando los gobiernos desvirtúan los hechos o callan deliberadamente,

están violando el derecho humano a saber la Verdad.

Gobiernos mentirosos difícilmente podrán ser aceptados

como legítimos. Legitimidad y Verdad forman un binomio

necesario para el Estado de Derecho (Teoría General de la Dictadura.

Juan Federico Arriola Cantero. Páginas 30 y 31. Trillas)”.

El acto de esconder la verdad está enraizado en la cultura política

del país, aunque de a poco van surgiendo algunos funcionarios

que tratan de hacer la diferencia.

Sin embargo, la opacidad todavía es la norma, al grado de que

Jacqueline Peschard insistió en entrevista del 15 de mayo

que el acceso a la información pública es un derecho

de los ciudadanos no de las dependencias del Estado.

De acuerdo al boletín IFAI/060/11 del Instituto Federal de Acceso

a la Información y Protección de Datos, la comisionada presidenta

se dijo sorprendida de que dentro de las dependencias y entidades

gubernamentales se esté formulando la pregunta:

“¿Cómo me voy a defender?” de las resoluciones del instituto,

ante las reformas a la ley de Transparencia atoradas en la Cámara de Diputados.

“¿Defender de qué?”, preguntó Peschard, “si es una obligación

que tenemos los funcionarios públicos de entregar la información

y rendir cuentas. La ley lo dice clarísimo, la Constitución dice en su

artículo sexto que la información en manos de todos los entes públicos,

en todos los niveles de gobierno, es pública; no es de los servidores

públicos; no es algo mío que, como funcionario, tenga que defender

y buscar una fórmula para defenderla. Es una información que nosotros

sólo resguardamos. La dueña de la información es la población para

la cual se gobierna”, expuso.

Toda relación es tensión, pero en el caso de ciudadanos y sus gobiernos

la lucha es desproporcionada y los titulares del derecho a la información

frecuentemente sufren el mayor desgaste.

Los ciudadanos no están contentos con el trato que se les da y la legitimidad

de las instituciones públicas, nos referimos a aquella que se sostiene

en la credibilidad, está estancada en el sótano.

De acuerdo con el más reciente estudio Economía, Gobierno

y Política de Consulta Mitofsky (www.consulta.mx), las instituciones

que promedian menor confianza, debajo de 6.7 puntos,

son el Instituto Electoral, la Suprema Corte de Justicia,

el Presidente de la República, los senadores, la policía,

los diputados, los sindicatos y los partidos políticos.

Son instituciones cuya materia son el arribo y ejercicio del poder,

así como seguridad y justicia, todos conceptos sustanciales

del Estado democrático.

Una lectura de ello es, precisamente, que los ciudadanos no perciben

que los organismos del Estado trabajen a su favor. No hay justicia,

ni seguridad ni el poder es para servir al soberano. Si no es así,

entonces es que persiguen intereses de unos cuantos.

Situación que se constata por esa “preocupación” que describe Peschard

de quienes integran las dependencias y entidades gubernamentales:

“¿Cómo me voy a defender? de las resoluciones del IFAI”.

Tal es el diagnóstico del poder en México. Una minoría empoderada

dirige el Estado y su sentido de que lo público le pertenece

no ha sido desterrado.

Cuando la transparencia, el acceso a la información

y la rendición de cuentas funcionen con tanta naturalidad

que ya no sea tema de discusión, estaremos hablando

entonces de un país que practica la democracia

y en el que la libertad y el respeto a los derechos

humanos es la premisa del ejercicio del poder.

La pesada sombra del patrimonialismo

habrá desaparecido.

Sigamos peleando.

*Director de Iniciativa Sinaloa, A. C. iniciativasinaloa@gmail.com.

martes, 17 de mayo de 2011

Liz no debió morir


Francisco Cuamea

Texto publicado en el semanario Ríodoce (riodoce.com.mx) edición 15-21 de mayo.


Liz estaba decidida a estudiar criminalística, pero murió asesinada el día que su madre le prometió todo el apoyo para que cumpliera su sueño. Tenía 19 años.

—¿De verdad eso quieres? —preguntó Marbella, su mamá.
—Sí, eso quiero.

—Ok, si tengo que juntar botes para vender, para apoyarte, yo te voy a apoyar.

La estudiante del tercero de preparatoria del Cobaes 23 saltó de gusto, pues planeaba ir a Mazatlán para informarse sobre las licenciaturas de criminalística que se ofertan en el puerto.

Horas más tarde su cuerpo se desangraba perforado por las balas.

Una joven decidida

Morena, ojos verdes, esbelta, Reina Lizbeth Félix Nevárez a nadie negaba el saludo. Ganó la banda de Señorita Simpatía en el concurso de belleza de la prepa.

Cristiana Evangélica, como su familia, le echaba ganas. Era persistente y decidida. Hija de un operador de maquinaria y una empleada doméstica, trabajaba y estudiaba.

Fue cajera en un restaurante de comida china; telefonista de una tienda departamental; vendió cevichurros y ayudó a su mamá cuando vendieron cena en su casa por una temporada.

No tenía novio.

“Los novios estorban, quiero estudiar y salir adelante”, solía decir.

En noviembre de 2009, Liz, como le decían, hacía su servicio social en Tránsito.

Inspirada por la detective Olivia Benson, personaje principal de la serie televisiva La Ley y el Orden, Unidad de Víctimas Especiales, quería estudiar criminalística. Pero si no podía, su segunda opción era ser agente vial.

Marbella narra los últimos momentos de su hija, desde la sala comedor de una casa en obra negra y enclavada a media loma, entre calles sin pavimento.

Empleada doméstica, cuenta con apenas 39 años. Se le nota un carácter alegre y optimista ante la vida, pero el recordar la tragedia de su hija se le mojan los ojos y se tensa su gruesa piel morena.

“Le decíamos, ‘hija, eso es muy peligroso’”, recuerda su mamá.

“Mami, es que todo es peligroso, a donde vayas hay peligro”.

El 27 de noviembre de 2009, el día en que murió, Marbella y Liz compartieron mensajes de texto vía celular.

A las 14:00 horas:

“¿Qué hiciste de comer?”, preguntó la joven.

“Nada, estoy trabajando”, respondió la madre, que en esos momentos apoyaba en un negocio de sus sobrinos.

“Ya salí de la escuela, pero voy al trabajo social. Me voy derecho a Tránsito. Al ratito nos vemos”.

17:00 horas:

“¿Mami, ya llegaste?”.

“No, voy a salir tarde, como a las 9 (de la noche)”.

“Ok, ya iba para la casa pero me voy a regresar (a Tránsito), me llamaron porque una secretaria no llegó a trabajar.

Marbella llegó a casa antes, a las 8:30 de la noche y su esposo preguntó por Liz. Ninguno de los dos tenía conocimiento de su paradero.

La joven madre marcaba y marcaba al celular de su hija, pero solamente respondía el frío y hueco buzón. Se echó a llorar, preocupada.

“Era ilógico para mí que ella apagara el teléfono”, cuenta.

—Algo no anda bien, le dijo a su marido.
—Ya acuéstate, respondió él.

Aunque no quería, el sueño la venció.

A la media noche, entre la penumbra de calles sin alumbrado público, surgió una silueta, se acercó a la casa y tocó la puerta.

Era el presagio de malas noticias.

Liz ha muerto

Marbella despertó sobresaltada cuando oyó que tocaron la puerta. Era un amigo de Liz y llevaba las intenciones de saber si los papás sabían de su muerte.

Había sido ubicado por los agentes investigadores a través del celular de la joven.

“Pasó un accidente en Navolato y parece que una de las personas heridas es la Reina”, sondeó.

Rápido llamó a su esposo, quien de un salto pasó de la recámara a la puerta de la casa.

En eso estaban cuando llegó un vehículo de la funeraria. Llevaba la misión de confirmar el nombre de Reina Lizbeth, pues no tenían preciso el dato.

Nada más bajó el conductor y Marbella, alterada, dándose cuenta de lo que venía, lo agarró del cuello.

“¿Qué pasó? Dime”, gritó más que como orden, como una súplica desesperada.

Lo que escuchó le arrancó la mitad de su corazón.

A las 8 de la noche de ese 27 de noviembre de 2009, un grupo armado disparó contra una camioneta Mitsubishi que circulaba a la altura de Bachoco, Navolato.

Las ráfagas expulsaron al menos 60 balas de cuerno de chivo, de acuerdo con los reportes de prensa. Los disparos acabaron con la vida del conductor de la unidad y con los 19 años y sueños de Liz, quien viajaba al costado.

La puerta de la camioneta quedó abierta. La mitad de su cuerpo quedó colgada del cinturón de seguridad. Su cabello, que apenas unos minutos posaba sobre su moreno rostro y ojos verdes, casi rozaba el suelo. Muerto.

“Yo sé que la muerte no era para ella, estoy cien por ciento segura”, exclama ahora la madre, una de las tantas que están de luto en Sinaloa y México.

“También estoy consciente de que tenemos un tiempo en esta vida. A lo mejor era su tiempo”, expresa intentando una resignación cristiana que parece no lograr.

A un año y seis meses, la familia de Liz no sabe qué fue lo que pasó ni qué hacía la joven en esa camioneta ni cómo fue a dar a Bachoco. Marbella asegura desconocer a quien conducía la camioneta, pero afirma que si hubiera sido su amigo, ella lo hubiera conocido.

Los periódicos reportaron que en la caja de la unidad se hallaron botes de cerveza, un refrigerador y un par de abanicos. También se habla de que en la parte de atrás venía una pareja que alcanzó a huir.

Del por qué, nada. De los culpables, menos.

Con la marca de la casa: la impunidad

Liz cuidaba de su abuela Chelo después de que sufrió una embolia cerebral.

La atendía, la bañaba, la alimentaba.

Pasaron los días y comenzó a extrañarla.

“¿Dónde está?”, preguntaba por esa joven vigorosa.

La abuela murió tres meses después que Reina Lizbeth.

“Le entró tristeza, ya no quiso comer, y se fue”, dice Marbella.

La familia de la estudiante del Cobaes 23, ubicado en Barrancos, carga ahora con la doble pena de su muerte y de la impunidad del caso.

Ignoran por completo los móviles del crimen, los culpables y los avances, si es que hay, en la Procuraduría General de Justicia del Estado.

Tampoco se le ofreció acogerse a la Ley de Protección para Víctimas del Delito, cuyos beneficios debe enterar el Ministerio Público a los afectados.

Por lo tanto, la familia de Liz, ni sus papás ni sus dos hermanas, recibieron el apoyo funerario ni la atención sicológica que les ayude a sobrellevar su tragedia.

“Lo que más quiere uno es que se haga justicia, pero sabemos que el que hace justicia está en el cielo”, dice Marbella.

“Lo único que le pido a Dios es que los perdone, porque yo nunca los voy a perdonar; como madre, a mí me arrancaron la mitad de mi corazón, es algo que no te deja vivir, vives porque sabes que la vida sigue, pero vives ya con el corazón destrozado”.

“Seleccionen bien sus amistades”


Marbella y sus hijas marcharon el 8 de mayo durante las actividades de la Emergencia Nacional, convocada por el poeta Javier Sicilia.

Desde la plazuela de la Álvaro Obregón hasta el Edificio Central de la Universidad Autónoma de Sinaloa, recorrieron las calles del centro de Culiacán, bajo el sol de las 2 de la tarde, sujetando una lona con fotos de Liz y exigiendo justicia.

Pero Marbella no deja de ser madre y, tras la amarga experiencia de su familia, pide la oportunidad de enviar un mensaje a los jóvenes.

“No se confíen tanto en los amigos, seleccionen bien sus amistades, vean quién verdaderamente es su amigo y quién no”, recomienda.

“No confíen, que se cercioren bien, que no se les haga fácil subirse en cualquier carro, porque ahorita las chamacas se deslumbran con un carro. Que no trunquen sus sueños porque la delincuencia está deteniendo los sueños de los jóvenes quitándoles la vida”.

Y al Gobierno le pide que se haga justicia.

“Que no sea un caso perdido más en la historia”.

Liz descansa ahora y lleva consigo su banda de Señorita Simpatía.


Mujeres asesinadas*

Desde 2005 al 28 de abril de este año, 386 mujeres han sido víctimas de homicidio doloso.

Año Mujeres asesinadas
2005 44
2006 34
2007 48
2008 50
2009 69
2010 111
2011** 30
TOTAL 386

* Datos de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa.
** Hasta el 28 de abril de este año.

lunes, 28 de febrero de 2011

El predominio de lo ilógico

Francisco Cuamea, director de Iniciativa Sinaloa, cuestiona
que el combate a la corrupción no ha sido prioridad del Estado.

Panorama de la rendición de cuentas: caso Sinaloa

Ponencia presentada en el Foro Regional Hacia una Verdadera Rendición de Cuentas en México, organizado por Sonora Ciudadana y el Centro de Investigación y Docencia Económica, CIDE.

Hermosillo, 25 de febrero de 2011

I

Introducción

Muchas gracias, mi nombre es Francisco Cuamea, soy director de Iniciativa Sinaloa, representando a este organismo sin fines de lucro, quiero aclarar o comentarles que está integrado por cinco periodistas, dos somos de un semanario que se llama Ríodoce, otros dos son de un periódico que se llama Noroeste, y un quinto que ya lo exportamos con Denise Maerker, está trabajando en Punto de Partida en Televisa.

Surge porque después de muchos años de trabajar en periodismo y hacer la fiscalización, digamos, de la función pública a través del periodismo, comenzamos a conocer gente como Guillermo, empezamos a conocer el tema de las Organizaciones de la Sociedad Civil, y sentimos que era una buena vía, el tercer sector, para incidir más allá de nuestras páginas, más allá de nuestro trabajo periodístico con trabajos con una metodología de ciencia social y buscando tratar de hacer incidencia tanto en temas de acceso a la información, rendición de cuentas, como derechos humanos y seguridad pública.

Vamos empezando, tenemos desde agosto para acá que nos constituimos legalmente, pero todo este contexto lo doy porque parte de lo que voy a platicar ahorita es una mezcla de lo que hemos vivido como periodistas y que ahora esta experiencia la estamos tratando de procesar ahora ya en esta Organización de la Sociedad Civil.

No quiero irme sin comentar un caso muy particular, muy concreto que se está debatiendo allá en Sinaloa, en el debate público, en el que convergen el aspecto del acceso a la información y la rendición de cuentas.

Ahorita el debate allá en Sinaloa, la discusión pública, versa sobre una adquisición que se hizo de 120 millones de pesos por dos compras diferentes, finalmente se canceló una, pero de origen voy a sumar las dos. Son 120 millones de pesos en una adquisición directa.

Esto lo supimos porque finalmente todo se sabe. Lo digo porque el acta (de la sesión) en la que se decide esa compra, que debió haber sido licitada, según mucha gente pensamos, no está en el portal del Gobierno del Estado. Nos enteramos finalmente porque trascendió la información, y entonces ya uno se pone a investigar y le pregunté al tesorero personalmente y lo reconoció. Lo retomó otro medio y está muy fuerte ahora la polémica.

Lo menciono porque en su momento, cuando abordo al tesorero estatal, le pido, amparado en los artículos 9 y 10 de la Ley de Acceso a la Información Pública para el Estado de Sinaloa, los documentos del caso para no quedarnos solamente con la entrevista.

Los artículos 9 y 10 hacen referencia a la información mínima de oficio y que se debe dar sin que medie solicitud. Incluso menciona, no recuerdo textualmente cómo, pero que la petición puede ser hasta verbalmente.

Entonces le pido los documentos que sustenten la compra de 50 millones de pesos, ésa es de la que estábamos platicando en ese momento, después surgió otra de 70 millones de pesos.

Durante la entrevista le solicité los documentos y el tesorero mostró disposición para entregarlos. Terminó la entrevista y quedó el compromiso de entregar los documentos en un par de horas, además de que le sustento que es información de oficio, y me la pude dar, la que tiene que ver con adquisiciones, con compras.

Pues bien, a las dos, tres horas, me llama el secretario técnico para decirme que siempre no me darán los documentos directamente, para no “interrumpir el flujo del acceso a la información”.

No voy a hacer muy extenso el caso, la intención nada más era dar un ejemplo de cómo se traduce en el día a día algo de lo que hemos platicado aquí.

Y lo otro que tiene que ver con la rendición de cuentas, el manejo de los recursos, qué se hace con esos recursos, es la justificación del procedimiento de la adquisición de la que estamos hablando.

Me explico. La norma indica que las adquisiciones de 2 millones un pesos deben ser licitadas públicamente. La Ley de Adquisiciones tiene un par de artículos que son los que marcan las excepciones. Entonces, el artículo 51 dice expresamente que se puede evitar las licitaciones e invitaciones a tres, cuatro, proveedores, y será adjudicación directa cuando las licitaciones pongan en peligro el orden público, alteren la economía, la salud. O pongan en peligro o alteren la seguridad pública.

Entonces, la pregunta es, ¿cómo una licitación para la compra de patrullas (que es la adquisición de la que estamos hablando) puede poner en peligro el orden social? ¿Cómo puede poner en peligro la seguridad pública?

Ése es el debate en el que estamos ahorita y que tiene que ver con el tema de la rendición de cuentas. Lo pongo sobre la mesa para actualizarlos sobre el contexto de lo que sucede hoy en Sinaloa.

Hemos escuchado a los auditores, a los contralores, a los encargados de los órganos garantes del acceso a la información, y creo que el consenso es que no hay una política de Estado para la rendición de cuentas. Hay algunas leyes por aquí, algunas normas por allá, algunos cargos más allá, pero no hay un embalaje sistémico, un embalaje decidido que coordine toda una política pública, una política de Estado en materia de rendición de cuentas porque simple y sencillamente el combate a la corrupción no ha sido prioridad.

El día en que sea prioridad el combate a la corrupción, ese día entonces veremos cómo todas esas leyes que están inconexas unas con otras van a tomar forma y, entonces sí, comenzará a “caer” gente.

Hasta aquí la introducción. Ahora expondremos nuestro tema que hemos llamado El predominio de lo ilógico.

II

Tendiendo un puente

Partimos de un principio lógico muy básico: cuando alguien quebranta la ley recibe un castigo.

Digamos que bajo esa premisa es como se han construido los sistemas de justicia en el mundo democrático. Se crean leyes, reglamentos, códigos, procedimientos, y se asignan funcionarios para su aplicación y vigilar su cumplimiento. Alguien actúa fuera de la ley, y todo este engranaje comienza a funcionar.

Repetimos, desde el razonamiento lógico tradicional: Hay leyes, si alguien las incumple, por lo tanto, se hace acreedor a un castigo.

El caso Sinaloa, sin embargo, se inscribe más bien en la lógica de Lewis Carroll en Alicia en el País de las Maravillas, una estructura que funciona a la inversa hasta del sentido común: Hay leyes, se incumplen, no se aplican castigos.

La Transparencia, Acceso a la Información y Rendición de Cuentas aún no son un conjunto que entre en esa dialéctica que supondría haber superado el abuso de poder y patrimonialismo en el Estado sinaloense.

Por un lado tenemos ese fantasma de la opacidad, impunidad y corrupción, que frecuentemente aparece, y del lado opuesto, a manera de antítesis, solamente la ley y reglamentos relacionados con el derecho a la información, que debiera implicar una ventana clara en el manejo de los recursos públicos, el desempeño del gobierno y las justificaciones de las decisiones de los gobernantes.

¿Cuál sería uno los detonadores que lleve a Sinaloa a un estadio de plenitud democrática? Precisamente un andamiaje legal, procedimental y sistémico de rendición de cuentas.

En Sinaloa no existe una política de Estado de Rendición de Cuentas entendida como “el conjunto de instituciones, normas y procedimientos que tiene como propósito fortalecer la legalidad y el sentido democrático de las responsabilidades públicas y sancionar (positiva o negativamente) a los actores que las asumen”.[1]

Lo que pretendemos en esta exposición es realizar una descripción de la situación con relación a la rendición de cuentas, siguiendo en alguna medida el principio sugerido en el estudio La estructura de la rendición de cuentas en México, a saber, información, cuentas, responsables, ubicados como los pilares necesarios para la rendición de cuentas.

“Para que haya acceso a la información, debe haber información; para que haya revisión de cuentas, debe haber cuentas; para que haya sistemas de responsabilidades, debe haber responsables”, dicen López Ayllón y Merino[2].

En Sinaloa, ¿qué y cómo se informa? ¿Quiénes vigilan y sancionan? ¿Cuál es el castigo para quienes abusan del patrimonio y del erario? ¿A quién responden quienes se convierten en los “centinelas” de los recursos públicos?

Tomamos el caso de los incumplimientos a la Ley de Acceso para este trabajo, lo cual no significa que existan otros en distintas esferas de la vida pública.

III

Principio de máxima publicidad

e información mínima de oficio

La Ley de Acceso a la Información para el Estado de Sinaloa fue aprobada por el Congreso local el 23 de abril de 2002 y se otorgó un plazo de un año para que los sujetos obligados emitieran sus reglamentos y se prepararan para la difusión de la información mínima de oficio a través de medios electrónicos.

Tanto la Constitución mexicana, en su artículo sexto, como la legislación reglamentaria de Sinaloa, en su artículo segundo, mandatan que en la interpretación o en el ejercicio de este derecho deberá prevalecer el Principio de Máxima Publicidad. Ése es el eje rector. ¿Cómo puedo dar la mayor información de lo que me solicitan?, sería el razonamiento lógico de un servidor público.

Pero en el predominio de lo ilógico, la tendencia es hacia el lado opuesto y pareciera que los responsables piensan: “¿Cómo puedo dar la menor información posible?”

Y esto lo afirmamos sin estar explorando el segundo nivel del acceso a la información que es aquel relacionado con las solicitudes, respuestas y recursos de revisión.

Esto sucede con la información mínima de oficio, es decir, la que los responsables de las entidades públicas, del Estado, municipales, así como de los poderes Legislativo y Judicial, están obligados a difundir en sus páginas electrónicas y entregarla sin que medie solicitud, de acuerdo al capítulo segundo de la legislación en la materia.

El abanico de información de oficio es muy amplio, por lo que solamente tomamos una muestra con el criterio del manejo de los recursos públicos y los argumentos que fundamenten una decisión. Así tenemos que, es información pública de oficio:

a) Las opiniones, expedientes, datos y fundamentos finales contenidos en los expedientes administrativos que justifiquen el otorgamiento de permisos, concesiones o licencias, así como las contrataciones, licitaciones y los procesos de toda adquisición de bienes o servicios.

b) Las minutas de las reuniones oficiales.

c) La relación a detalle de todas personas físicas o morales que han recibido recursos públicos, cualquiera que sea su destino, especificando montos, número de póliza de cheque, conceptos y fechas en que se entregaron dichos recursos.

En la actualidad, estos rubros son publicados sin seguir la interpretación del Principio de Máxima Publicidad.

Tomemos el caso del Gobierno del Estado y su página sinaloa.gob.mx. El ejemplo rector, por decirlo así, que sigue el resto.

En el punto de permisos, licitaciones, adquisiciones, contrataciones y demás solamente se encuentra una lista de las convocatorias lanzadas y no el proceso final ni el expediente administrativo, es decir, quién y por qué fue elegido para ser proveedor y recibir recursos públicos por una obra o un servicio. No se encontrará ningún expediente administrativo que justifique la otorgación de tal o cual contrato.

Aquí hago un paréntesis. En el caso que mencioné al inicio de la compra de las camionetas, como no me dieron la información recurriendo a la figura de oficio, solicité vía Infomex el expediente administrativo como dice este artículo de la ley y esa información sí se me entregó.

Tampoco se encuentra minuta alguna de reunión oficial y en relación a destinatarios de recursos se halla una padrón de proveedores actualizado (es un decir) al mes de febrero de 2009 sin que especifique montos, conceptos, fechas ni pólizas de cheque. En otras palabras, para saber ¿cuánto se le dio? ¿Para qué? ¿Por qué a esa persona, o a esa empresa?

Además, es muy difícil, casi imposible, que la información en los sitios de internet se encuentre de tal forma que facilite su uso y comprensión por las personas, y que permita asegurar su calidad, veracidad, oportunidad y confiabilidad, como mandata el artículo 9 de la Ley de Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa.

Tenemos ley de acceso, pero los funcionarios públicos no informan lo mínimo a lo que están obligados, entonces, ¡Que rindan cuentas! ¿Pero cómo iniciarles un proceso?

Si inscribimos una solicitud vía Infomex y la niegan o no estamos conformes, interponemos un recurso de revisión en la Comisión Estatal para el Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa y se le da trámite; pero, ¿qué sucede cuando no se cumple con la información mínima de oficio?

¿Qué tiene que suceder para que el responsable rinda cuentas y reponga su falta o sea sancionado?

IV

Sanciones y Ley de Responsabilidades

de Servidores Públicos

En el papel, hay castigos para quienes incumplen con los mandatos de la ley de Acceso.

Por ejemplo, el artículo 57 de la legislación sinaloense, incluido en el Capítulo 9 sobre Faltas Administrativas y Sanciones, establece textualmente lo siguiente:

“El titular de la entidad pública, en los términos y condiciones previstos por la Constitución Política del Estado de Sinaloa, que incumpla con el deber de publicidad mínima de oficio previsto en el artículo 9 de la presente Ley, será sancionado con amonestación por la Comisión. Si en un periodo no mayor de tres meses no se ha puesto a disposición del público la información a que se refiere dicho precepto, será suspendido de sus funciones temporalmente en los términos del artículo 50 de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado de Sinaloa”.

¿Pero cómo llega a la CEAIPES el caso de incumplimiento de la información mínima de oficio? ¿Qué tiene que suceder para que el órgano garante sancione al que incumple?

Hasta el año 2010, que prácticamente acaba de concluir, no había registro alguno de funcionario sancionado por incumplimiento en la información mínima de oficio, en el Estado y en el Municipio de Culiacán, según constató Norma Sánchez, periodista del semanario Ríodoce e integrante de Iniciativa Sinaloa a quien le respondieron un par de solicitudes de información[3].

“No (se) ha sancionado a ningún servidor público por incumplir la Ley de Acceso a la Información Pública de Sinaloa”, informaron de la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo del Gobierno del Estado.

“En una búsqueda minuciosa en los archivos de esta Unidad de Responsabilidades no se encontró registro alguno de sanción impuesta a un servidor público, con motivo de cuestiones derivadas de incumplimiento a la Ley de Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa”, contestaron de la Unidad de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Ayuntamiento de Culiacán.

El predominio de lo ilógico. Son tantas y tan evidentes las omisiones de información de oficio, pero al momento no hay sancionados. El 1 de enero de 2011 comenzaron la nueva administración estatal y las municipales, pero la ausencia de información a la que por ley están obligados transparentar sigue ahí, o a lo más, está difusa, revuelta, confusa. Eso debe significar algo. Pero seguimos con la pregunta: ¿Cómo hacemos para que rindan cuentas?

De acuerdo al artículo 40, de la Ley de Acceso, la comisión estatal tiene, entre otras, la atribución de “llevar a cabo, a petición de parte, investigaciones en relación a quejas sobre el incumplimiento de la presente Ley”.

Lo cual implica, en nuestra opinión, una viacrucis total de ciudadanos en el que tendrían que invertir en organización, tiempo y dinero, recursos con los cuales ya cuenta la propia CEAIPES, el órgano garante. Tiene dinero, personal, logística, etcétera.

Así, desde nuestra perspectiva, para comenzar con un verdadero andamiaje procedimental de rendición de cuentas, decimos comenzar, porque aún no sería suficiente pues lo que se requiere es todo un sistema de rendición de cuentas, es necesario darle al órgano garante la atribución legal, sistemática, para que de oficio investigue las violaciones a la ley desde el primer momento en que se incumple, esto es, la que obligadamente tienen que transparentar las dependencias públicas y no lo hacen, faltando además al principio de máxima publicidad.

Pero también se requiere darle autonomía constitucional y mayores facultades para convertirla en una institución con mayor fuerza en la aplicación de la ley y que ya no depende para ello de los contralores de los ejecutivos estatal y municipal.

Como coloquialmente decimos, necesita “dientes”, pues la amonestación que hace referencia el artículo 57 significa un simple “jalón de orejas”, un llamado de atención ya sea por escrito o vía telefónica.

V

¿Quién manda: El mandante o el mandatario?

Contralores, auditor y síndicos procuradores

Acabamos de desarrollar de manera muy breve un ejemplo de la ausencia de rendición de cuentas cuando se incumple con la información mínima de oficio que mandata la Ley de Acceso, para ilustrar solamente el tema a partir de los conceptos complementarios de derecho al acceso a la información y rendición de cuentas.

Ahora veamos lo que corresponde a los contralores, quienes son los responsables de llamar a cuentas a quienes actúan contra del patrimonio público y el erario.

En este punto solamente abordaremos lo relacionado a su subordinación en lo jerárquico y político con relación al jefe del Ejecutivo.

Tenemos que la lógica tradicional, el sentido común, dicta que hay leyes, alguien las quebranta, por lo tanto, se hace acreedor a una sanción.

Para llamar a cuentas y emitir sanciones hay funcionarios responsables que, como todos sabemos, se les llama contralores o tienen funciones de contraloría.

En el caso sinaloense teníamos Secretario de la Contraloría, área que ahora incluye la Coordinación General de Acceso a la Información del Gobierno del Estado para convertirse en la Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas.

La anterior Contraloría solamente sancionó a siete funcionarios con una “regañadita”, como consignó el periodista del diario Noroeste, José Alfredo Beltrán, también integrante de Iniciativa Sinaloa, en entrevista a Juan Pablo Yamuni, actual jefe de la Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas[4].

Y esto nos sorprende a los sinaloenses, pues sobre el sexenio anterior pesa la nube de indicios documentados de presunta corrupción y desvío de recursos.

Dijo Yamuni al periodista: “hay en proceso más de 200 casos pendientes de resolver".

Con ese antecedente, la demanda ciudadana por democracia obliga hoy, precisamente, a que la Rendición de Cuentas sea una política pública impulsada desde el Estado para recobrar la confianza de los sinaloenses.

Sin embargo, la figura del “fiscal anticorrupción” depende del jefe el Ejecutivo, pues es él quien lo invita al Gabinete. Así, las preguntas seguirán abiertas, aun cuando se aplique la justicia contra quienes afectaron el erario durante el sexenio anterior, pues el reto en las actuales circunstancias es que también los responsables de llevar la contraloría ejerzan la justicia contra quienes actúen al margen de la ley en este sexenio.

A nivel municipal, pasa algo similar en este mundo predominado por lo ilógico.

La figura del Síndico Procurador, como muchos ya la conocen, tiene a su cargo la función de contraloría y, de acuerdo al artículo 39 de la Ley de Gobierno Municipal, una de sus atribuciones es:

“Vigilar que la recaudación fiscal, los procedimientos administrativos y el ejercicio de los recursos, se realicen conforme a las disposiciones normativas aplicables en la materia, dictando las medidas preventivas de conformidad con lo dispuesto por la reglamentación interior o de gobierno”.

No obstante, el Síndico Procurador, junto a los candidatos a regidores, surge de la planilla del candidato a la Presidencia Municipal. Es decir, le debe el trabajo al Alcalde.

Por eso sigue en duda sobre a quién le rinde cuentas cuando ya está en funciones. ¿Al Alcalde? ¿A la ley y a los ciudadanos?

Hasta le fecha, de lo poco que se sabe del actuar de los síndicos procuradores es que votan en Cabildo.

Así las cosas, en Sinaloa, los contralores son “jueces y parte”, por lo que es evidente que se debe avanzar en mecanismos para que dichas figuras sean clave en el proceso del cumplimiento de la legalidad.

VI

Las opciones que vemos: Investigación de oficio,

diseñar procedimientos de sanción y de elección de responsables

La rendición de cuentas tiene un efecto directo en la credibilidad y en el ánimo de la sociedad. En contra partida, la simulación o la protección desde el Estado a quienes perjudican el erario y el patrimonio público han erosionado la confianza en las propias instituciones.

El poder se deslegitima cuando su ejercicio se aleja de la verdad.

Con información a medias, con ocultamientos, con lagunas legales en beneficio de la opacidad, con el control patrimonialista de lo público y con el cobijo impune del séquito oscuro, es decir, la burocracia que trabaja en función de los intereses privados de quienes detentan el poder, la fisura entre el gobierno y la sociedad se convertirá en grieta, y la grieta en una falla, y así, hasta que venga el mesías autoritario con promesas de componer esa separación que ha roto el Estado.

La rendición de cuentas, institucional, sistemática, orientada hacia el ciudadano como mandante, tiene caminos a seguir muy concretos si se tiene la voluntad de crear una mejor sociedad.

Como Iniciativa Sinaloa, vemos algunas propuestas, como son el diseño de un andamiaje procedimental para que la CEAIPES investigue de oficio, formal y sistemáticamente, y tenga facultades directas para sancionar a quienes obstaculizan el acceso a la información.

También que el órgano garante cuente con autonomía constitucional, que el mecanismo de selección de comisionados no sea a propuesta del Ejecutivo sino directamente de la sociedad y que sean aprobados por las dos terceras partes de los diputados. Además, que la comisión tenga la obligación de rendir cuentas, más allá de enviar un informe por escrito al Congreso cada año.

Además, creemos que quienes fungen como contralores deben tener el mayor grado de independencia con relación a los jefes del Ejecutivo y su Gabinete.

Pero fundamentalmente, lo que es necesario es una política de Estado de Rendición de Cuentas, que castigue la corrupción; que vigile el correcto uso de los recursos; que supervise la mano de los funcionarios, el desempeño, pero sobre todo, que recobre la confianza en el gobierno, porque mientras no haya justicia e impere la impunidad, no habrá democracia.

VII

Diagnóstico de la Sociedad Civil

El impulso de una política de Estado para la Rendición de Cuentas es facultad de los responsables de los poderes Ejecutivo y Legislativo, pero ¿por qué habrían de hacerlo si están cómodos en su castillo amurallado?

Precisamente es aquí cuando toman relevancia las Organizaciones de la Sociedad Civil. De ellas depende que se tienda el puente y derrumben los muros.

El fenómeno de las OSC es relativamente reciente en el país y prácticamente ausente en Sinaloa, salvo las Instituciones de Asistencia Privada, cuyo objetivo es ayudar a quienes lo necesitan y no la incidencia política.

En abril del año pasado se realizó el Foro Internacional de Políticas Públicas que Fomentan la Participación Ciudadana en los Países Desarrollados, llevado a cabo en la Comisión de Participación Ciudadana de la Cámara de Diputados.

Ahí se describió el panorama de las OSC en México, así como en otros países.

Cito a Michael Layton, Director del Proyecto sobre Filantropía y Sociedad Civil del Departamento Académico de Estudios Internacionales del Instituto Tecnológico Autónomo de México.

“Desafortunadamente no tenemos muy buenas noticias sobre la situación de la participación ciudadana en las OSC: lo que encontramos es un sector poco desarrollado y una participación principalmente canalizada por vías informales que no fortalecen el tejido social”.

La frase del expositor se tradujo en algunos datos. Por ejemplo, Ana María León Miravalles, secretaria técnica de Indesol, expuso que en el registro federal de OSC contaban (hasta esa fecha) 11 mil 609 claves, pero que otras fuentes calculaban la existencia 20 o 30 mil.

En Argentina, por contrapartida, contaban 120 mil OSC, un millón en la India y 2 millones en EU.

Otros datos mostrados en el foro son los siguientes:

* La Cuenta Pública federal 2009 reporta que 3 mil 199 millones de pesos fueron para OSC.

* Mucho de este dinero se va a organizaciones cuasi gubernamentales (deportivas, por ejemplo).

* Poca visibilidad del trabajo de las OSC.

* OSC con baja credibilidad.

* Solamente 6 por ciento de ciudadanos afirman haber trabajado en una OSC.

Comparado con Estados Unidos, tenemos que en dicho país hay una tasa de 484 OSC (de todo tipo de temas) por cada 100 mil habitantes, mientras que en México es de 13 por cada 100 mil habitantes hasta el año pasado.

Estos son los datos que dimensionan la fuerza de la sociedad organizada frente al Gobierno y sus responsables que cuentan con vastos recursos económicos, logísticos y humanos.

Ante el escenario descrito, pareciera una lucha desigual, un esfuerzo titánico el tratar de incidir para que los gobernantes se sometan a la rendición de cuentas.

Nuestra convicción es que esto sí es posible, pues las Organizaciones de la Sociedad Civil van emergiendo y crecerán cada vez más conforme la credibilidad de la clase política y otros actores políticos vaya descendiendo.

En Estados Unidos, las OSC retomaron su crecimiento conforme comenzaron las personas a tener mayores capacidades y medios, así como interés, a la vez que descendía el papel de otros agentes sociales, como la iglesia, partidos políticos y sindicatos[5].

De acuerdo a la cuarta Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas 2008 de la Secretaría de Gobernación, la Cámara de Diputados tiene un 6 por ciento de aprobación, la de Senadores un 6 por ciento y los partidos políticos apenas alcanzan un raquítico 4 por ciento en confianza[6].

Además, otras de las instituciones que registraron los menores porcentajes de confianza fueron los sindicatos, la policía y los partidos políticos.

En contrapartida, el trabajo y los logros de algunas OSC como Evolución Mexicana en Nuevo León, Sonora Ciudadana en esta entidad, Fundar en la Ciudad de México, Cimtra en ciudades como Querétaro, Chihuahua y Jalisco, son cada vez más conocidos. Van abriendo camino y poco a poco contagian a otros en esto de la participación ciudadana.

Con fundaciones en el extranjero, que destinan fondos en distintas regiones del mundo para que la calidad de la democracia mejore, el tercer sector, como también se le conoce a las OSC, comenzará a profesionalizarse cada vez más. En otras palabras, la actividad ciudadana ya no representará una acción quijotesca para los jóvenes, sino una fuente de empleo digna y, sobre todo, útil a la sociedad.

Por el momento, de acuerdo con cifras de Pricewaterhouse Coopers, las Organizaciones de la Sociedad Civil en México apenas emplean el 0.3 por ciento de la Población Económicamente Activa[7].

En Estados Unidos, la cifra alcanza el 6.3 por ciento de la PEA, y en Francia el 3.8 por ciento.

Cuando el vacío sea insostenible, la sociedad se articulará a pesar de los obstáculos que se le interpongan, ayudada por las conexiones que a través de la red pueden realizarse en otras latitudes para conseguir información y recursos.

En conclusión: Hay una ausencia de una política de Estado para la Rendición de Cuentas que los responsables de los poderes muy probablemente no desarrollarán.

La Sociedad Civil está emergiendo, por lo que, por ahora, aún está desarticulada, sin embargo, se fortalecerá hasta que llegue el momento en que, organizada y preparada, será un contrapeso fuerte.

Entonces, las cosas comenzarán a suceder.

Francisco Cuamea

Iniciativa Sinaloa

Hermosillo, 25 de febrero de 2011


[1] López Ayllón, Sergio; Merino, Mauricio. La estructura de la rendición de cuentas en México 2010, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2009, p. 9.

[2] Íbid.

[3] Sánchez, Norma. Información… privada. México, Semanario Ríodoce, lunes 20 de diciembre de 2011, http://www.riodoce.com.mx/content/view/7858/

[4] Beltrán, José Alfredo, “Castigan” a siete… con un “regaño”, México, Noroeste, martes 22 de febrero de 2011, p. 1 Sección Local.

[5] Casey, John. Universidad de Nueva York. Expositor del Foro Internacional de Políticas Públicas que Fomentan la Participación Ciudadana en los Países Desarrollados, abril de 2010, Cámara de Diputados.

[7] Pricewaterhouse Coopers, Foro Internacional de Políticas Públicas que Fomentan la Participación Ciudadana en los Países Desarrollados, abril de 2010, Cámara de Diputados

 
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