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martes, 24 de mayo de 2011

La pesada sombra del patrimonialismo





Texto publicado el 18 de mayo de 2011

en http://blogs.eluniversal.com.mx,

blog de México Infórmate


Por Francisco Cuamea*

La relación ciudadano-gobierno revela hilos de poder

manejados por unos cuantos que son como una pesada

sombra patrimonialista y que oscurecen demasiados

puntos de la geografía nacional.

Un sinaloense tiene que pelear en instancias judiciales

por los estados de cuenta de aportaciones ciudadanas

para pavimentación que un municipio le negó.

En Veracruz pretenden eliminar que las resoluciones

del Instituto de Acceso a la Información de dicha entidad

sean definitivas y obligatorias para los sujetos obligados.

Las reformas a leyes de transparencia son aplazadas

tanto en la Cámara de Diputados, como en el Congreso

de Puebla, por ejemplo.

Información sobre fideicomisos ha sido negada

de manera reiterada por la dependencia pública

que resguarda la información.

La lista es larga y se extiende por distintos puntos

del territorio nacional, cuyo común denominador

es la opacidad gubernamental, aunque haya sus excepciones.

¿Cómo interpretar o entender que a más de 10 años

de que en el país se abrió la puerta a leyes de transparencia

y acceso a la información permanezcan las inercias opuestas

y continúen como instrumento de discurso?

La democracia se practica, no se dice. El vía crucis ciudadano

para defender su derecho a saber es un efecto del ejercicio

de poder que aún impera en México, el cual no tiene como

premisa el respeto a los derechos humanos, entre ellos,

el del acceso a la información, como lo establece

el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Cuando la apertura informativa es obstruida, negada, postergada

y complicada, el Estado no sólo revela el sentido patrimonialista

sobre los datos públicos, sino que además no intenta legitimarse

con la verdad. Si no sigue este camino, entonces quiere decir

que encuentra sus justificaciones en otra parte.

La historia moderna del país cuenta con suficientes hechos

como para asegurar que por décadas el Estado buscó

sostenerse por la fuerza y el miedo, no por el derecho,

que era siervo del poder.

Para el filósofo mexicano, Juan Federico Arriola, la libertad

de información es uno de los pilares de un gobierno legítimo.

“Cuando los gobiernos desvirtúan los hechos o callan deliberadamente,

están violando el derecho humano a saber la Verdad.

Gobiernos mentirosos difícilmente podrán ser aceptados

como legítimos. Legitimidad y Verdad forman un binomio

necesario para el Estado de Derecho (Teoría General de la Dictadura.

Juan Federico Arriola Cantero. Páginas 30 y 31. Trillas)”.

El acto de esconder la verdad está enraizado en la cultura política

del país, aunque de a poco van surgiendo algunos funcionarios

que tratan de hacer la diferencia.

Sin embargo, la opacidad todavía es la norma, al grado de que

Jacqueline Peschard insistió en entrevista del 15 de mayo

que el acceso a la información pública es un derecho

de los ciudadanos no de las dependencias del Estado.

De acuerdo al boletín IFAI/060/11 del Instituto Federal de Acceso

a la Información y Protección de Datos, la comisionada presidenta

se dijo sorprendida de que dentro de las dependencias y entidades

gubernamentales se esté formulando la pregunta:

“¿Cómo me voy a defender?” de las resoluciones del instituto,

ante las reformas a la ley de Transparencia atoradas en la Cámara de Diputados.

“¿Defender de qué?”, preguntó Peschard, “si es una obligación

que tenemos los funcionarios públicos de entregar la información

y rendir cuentas. La ley lo dice clarísimo, la Constitución dice en su

artículo sexto que la información en manos de todos los entes públicos,

en todos los niveles de gobierno, es pública; no es de los servidores

públicos; no es algo mío que, como funcionario, tenga que defender

y buscar una fórmula para defenderla. Es una información que nosotros

sólo resguardamos. La dueña de la información es la población para

la cual se gobierna”, expuso.

Toda relación es tensión, pero en el caso de ciudadanos y sus gobiernos

la lucha es desproporcionada y los titulares del derecho a la información

frecuentemente sufren el mayor desgaste.

Los ciudadanos no están contentos con el trato que se les da y la legitimidad

de las instituciones públicas, nos referimos a aquella que se sostiene

en la credibilidad, está estancada en el sótano.

De acuerdo con el más reciente estudio Economía, Gobierno

y Política de Consulta Mitofsky (www.consulta.mx), las instituciones

que promedian menor confianza, debajo de 6.7 puntos,

son el Instituto Electoral, la Suprema Corte de Justicia,

el Presidente de la República, los senadores, la policía,

los diputados, los sindicatos y los partidos políticos.

Son instituciones cuya materia son el arribo y ejercicio del poder,

así como seguridad y justicia, todos conceptos sustanciales

del Estado democrático.

Una lectura de ello es, precisamente, que los ciudadanos no perciben

que los organismos del Estado trabajen a su favor. No hay justicia,

ni seguridad ni el poder es para servir al soberano. Si no es así,

entonces es que persiguen intereses de unos cuantos.

Situación que se constata por esa “preocupación” que describe Peschard

de quienes integran las dependencias y entidades gubernamentales:

“¿Cómo me voy a defender? de las resoluciones del IFAI”.

Tal es el diagnóstico del poder en México. Una minoría empoderada

dirige el Estado y su sentido de que lo público le pertenece

no ha sido desterrado.

Cuando la transparencia, el acceso a la información

y la rendición de cuentas funcionen con tanta naturalidad

que ya no sea tema de discusión, estaremos hablando

entonces de un país que practica la democracia

y en el que la libertad y el respeto a los derechos

humanos es la premisa del ejercicio del poder.

La pesada sombra del patrimonialismo

habrá desaparecido.

Sigamos peleando.

*Director de Iniciativa Sinaloa, A. C. iniciativasinaloa@gmail.com.

martes, 17 de mayo de 2011

Liz no debió morir


Francisco Cuamea

Texto publicado en el semanario Ríodoce (riodoce.com.mx) edición 15-21 de mayo.


Liz estaba decidida a estudiar criminalística, pero murió asesinada el día que su madre le prometió todo el apoyo para que cumpliera su sueño. Tenía 19 años.

—¿De verdad eso quieres? —preguntó Marbella, su mamá.
—Sí, eso quiero.

—Ok, si tengo que juntar botes para vender, para apoyarte, yo te voy a apoyar.

La estudiante del tercero de preparatoria del Cobaes 23 saltó de gusto, pues planeaba ir a Mazatlán para informarse sobre las licenciaturas de criminalística que se ofertan en el puerto.

Horas más tarde su cuerpo se desangraba perforado por las balas.

Una joven decidida

Morena, ojos verdes, esbelta, Reina Lizbeth Félix Nevárez a nadie negaba el saludo. Ganó la banda de Señorita Simpatía en el concurso de belleza de la prepa.

Cristiana Evangélica, como su familia, le echaba ganas. Era persistente y decidida. Hija de un operador de maquinaria y una empleada doméstica, trabajaba y estudiaba.

Fue cajera en un restaurante de comida china; telefonista de una tienda departamental; vendió cevichurros y ayudó a su mamá cuando vendieron cena en su casa por una temporada.

No tenía novio.

“Los novios estorban, quiero estudiar y salir adelante”, solía decir.

En noviembre de 2009, Liz, como le decían, hacía su servicio social en Tránsito.

Inspirada por la detective Olivia Benson, personaje principal de la serie televisiva La Ley y el Orden, Unidad de Víctimas Especiales, quería estudiar criminalística. Pero si no podía, su segunda opción era ser agente vial.

Marbella narra los últimos momentos de su hija, desde la sala comedor de una casa en obra negra y enclavada a media loma, entre calles sin pavimento.

Empleada doméstica, cuenta con apenas 39 años. Se le nota un carácter alegre y optimista ante la vida, pero el recordar la tragedia de su hija se le mojan los ojos y se tensa su gruesa piel morena.

“Le decíamos, ‘hija, eso es muy peligroso’”, recuerda su mamá.

“Mami, es que todo es peligroso, a donde vayas hay peligro”.

El 27 de noviembre de 2009, el día en que murió, Marbella y Liz compartieron mensajes de texto vía celular.

A las 14:00 horas:

“¿Qué hiciste de comer?”, preguntó la joven.

“Nada, estoy trabajando”, respondió la madre, que en esos momentos apoyaba en un negocio de sus sobrinos.

“Ya salí de la escuela, pero voy al trabajo social. Me voy derecho a Tránsito. Al ratito nos vemos”.

17:00 horas:

“¿Mami, ya llegaste?”.

“No, voy a salir tarde, como a las 9 (de la noche)”.

“Ok, ya iba para la casa pero me voy a regresar (a Tránsito), me llamaron porque una secretaria no llegó a trabajar.

Marbella llegó a casa antes, a las 8:30 de la noche y su esposo preguntó por Liz. Ninguno de los dos tenía conocimiento de su paradero.

La joven madre marcaba y marcaba al celular de su hija, pero solamente respondía el frío y hueco buzón. Se echó a llorar, preocupada.

“Era ilógico para mí que ella apagara el teléfono”, cuenta.

—Algo no anda bien, le dijo a su marido.
—Ya acuéstate, respondió él.

Aunque no quería, el sueño la venció.

A la media noche, entre la penumbra de calles sin alumbrado público, surgió una silueta, se acercó a la casa y tocó la puerta.

Era el presagio de malas noticias.

Liz ha muerto

Marbella despertó sobresaltada cuando oyó que tocaron la puerta. Era un amigo de Liz y llevaba las intenciones de saber si los papás sabían de su muerte.

Había sido ubicado por los agentes investigadores a través del celular de la joven.

“Pasó un accidente en Navolato y parece que una de las personas heridas es la Reina”, sondeó.

Rápido llamó a su esposo, quien de un salto pasó de la recámara a la puerta de la casa.

En eso estaban cuando llegó un vehículo de la funeraria. Llevaba la misión de confirmar el nombre de Reina Lizbeth, pues no tenían preciso el dato.

Nada más bajó el conductor y Marbella, alterada, dándose cuenta de lo que venía, lo agarró del cuello.

“¿Qué pasó? Dime”, gritó más que como orden, como una súplica desesperada.

Lo que escuchó le arrancó la mitad de su corazón.

A las 8 de la noche de ese 27 de noviembre de 2009, un grupo armado disparó contra una camioneta Mitsubishi que circulaba a la altura de Bachoco, Navolato.

Las ráfagas expulsaron al menos 60 balas de cuerno de chivo, de acuerdo con los reportes de prensa. Los disparos acabaron con la vida del conductor de la unidad y con los 19 años y sueños de Liz, quien viajaba al costado.

La puerta de la camioneta quedó abierta. La mitad de su cuerpo quedó colgada del cinturón de seguridad. Su cabello, que apenas unos minutos posaba sobre su moreno rostro y ojos verdes, casi rozaba el suelo. Muerto.

“Yo sé que la muerte no era para ella, estoy cien por ciento segura”, exclama ahora la madre, una de las tantas que están de luto en Sinaloa y México.

“También estoy consciente de que tenemos un tiempo en esta vida. A lo mejor era su tiempo”, expresa intentando una resignación cristiana que parece no lograr.

A un año y seis meses, la familia de Liz no sabe qué fue lo que pasó ni qué hacía la joven en esa camioneta ni cómo fue a dar a Bachoco. Marbella asegura desconocer a quien conducía la camioneta, pero afirma que si hubiera sido su amigo, ella lo hubiera conocido.

Los periódicos reportaron que en la caja de la unidad se hallaron botes de cerveza, un refrigerador y un par de abanicos. También se habla de que en la parte de atrás venía una pareja que alcanzó a huir.

Del por qué, nada. De los culpables, menos.

Con la marca de la casa: la impunidad

Liz cuidaba de su abuela Chelo después de que sufrió una embolia cerebral.

La atendía, la bañaba, la alimentaba.

Pasaron los días y comenzó a extrañarla.

“¿Dónde está?”, preguntaba por esa joven vigorosa.

La abuela murió tres meses después que Reina Lizbeth.

“Le entró tristeza, ya no quiso comer, y se fue”, dice Marbella.

La familia de la estudiante del Cobaes 23, ubicado en Barrancos, carga ahora con la doble pena de su muerte y de la impunidad del caso.

Ignoran por completo los móviles del crimen, los culpables y los avances, si es que hay, en la Procuraduría General de Justicia del Estado.

Tampoco se le ofreció acogerse a la Ley de Protección para Víctimas del Delito, cuyos beneficios debe enterar el Ministerio Público a los afectados.

Por lo tanto, la familia de Liz, ni sus papás ni sus dos hermanas, recibieron el apoyo funerario ni la atención sicológica que les ayude a sobrellevar su tragedia.

“Lo que más quiere uno es que se haga justicia, pero sabemos que el que hace justicia está en el cielo”, dice Marbella.

“Lo único que le pido a Dios es que los perdone, porque yo nunca los voy a perdonar; como madre, a mí me arrancaron la mitad de mi corazón, es algo que no te deja vivir, vives porque sabes que la vida sigue, pero vives ya con el corazón destrozado”.

“Seleccionen bien sus amistades”


Marbella y sus hijas marcharon el 8 de mayo durante las actividades de la Emergencia Nacional, convocada por el poeta Javier Sicilia.

Desde la plazuela de la Álvaro Obregón hasta el Edificio Central de la Universidad Autónoma de Sinaloa, recorrieron las calles del centro de Culiacán, bajo el sol de las 2 de la tarde, sujetando una lona con fotos de Liz y exigiendo justicia.

Pero Marbella no deja de ser madre y, tras la amarga experiencia de su familia, pide la oportunidad de enviar un mensaje a los jóvenes.

“No se confíen tanto en los amigos, seleccionen bien sus amistades, vean quién verdaderamente es su amigo y quién no”, recomienda.

“No confíen, que se cercioren bien, que no se les haga fácil subirse en cualquier carro, porque ahorita las chamacas se deslumbran con un carro. Que no trunquen sus sueños porque la delincuencia está deteniendo los sueños de los jóvenes quitándoles la vida”.

Y al Gobierno le pide que se haga justicia.

“Que no sea un caso perdido más en la historia”.

Liz descansa ahora y lleva consigo su banda de Señorita Simpatía.


Mujeres asesinadas*

Desde 2005 al 28 de abril de este año, 386 mujeres han sido víctimas de homicidio doloso.

Año Mujeres asesinadas
2005 44
2006 34
2007 48
2008 50
2009 69
2010 111
2011** 30
TOTAL 386

* Datos de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa.
** Hasta el 28 de abril de este año.

lunes, 2 de mayo de 2011

El día en que México estalló

Francisco Cuamea

Texto publicado en el semanario Ríodoce (riodoce.com.mx) edición 1-7 de mayo.


El país se quebró a partir de la detención en Culiacán del narcotraficante Alfredo Beltrán Leyva. Una diferencia soterrada fue creciendo en el cártel de Sinaloa hasta convertirse en una disputa sangrienta. El 30 de abril de 2008 se dio en Culiacán el primer enfrentamiento de una nueva guerra que nacía entre los grupos de la delincuencia organizada que hoy asola todo el territorio nacional, a partir de la explosión que ocurre en el corazón del cártel de Sinaloa. El motivo fue la aprehensión de Alfredo Beltrán Leyva, el Mochomo, hecho que provocó la ira de su hermano Arturo y una ruptura histórica que ha llevado al país a una confrontación sin precedentes y que aceleró el proceso de degradación social que venía desarrollándose desde hace décadas en el país. Sinaloa es un botón de muestra.

El país se quebró en Culiacán a partir de la detención del narcotraficante Alfredo Beltrán Leyva el 21 de enero de 2008, y desde entonces se fue incubando una ruptura en el cártel de Sinaloa que estalló el 30 de abril de 2008.

Ese día comenzaron nuevos enfrentamientos entre grupos criminales que antes eran afines, se agudizó la guerra entre autoridades y delincuentes, entre policías. La sociedad civil en medio, muchos inocentes han sido víctimas del fuego cruzado, acribillados lo mismo por sicarios que por militares. Es la guerra de todos contra todos, en una tierra que desde entonces es de nadie.

A partir de esa fecha México se inundó de muertos y de escenas negras y rojas que cada día retan la capacidad de asombro de los ciudadanos, pero sobre todo, que ponen en riesgo su vida y sus derechos humanos fundamentales.

El punto de quiebre de hace tres años también aceleró el proceso de degradación social, con la masificación del ideal mafioso, sobre todo entre la juventud.

“Dada la estructura económica de nuestro país y de las relaciones diversas llenas de corrupción en nuestro sistema económico, pues resulta explicable porqué han crecido tanto estos grupos a tal grado que se ha generado esta suerte de euforia, particularmente en Sinaloa, por el delito”, observa Nery Córdova Solís, investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

“Se trata de una involución, porque están resurgiendo los aspectos más salvajes de los que es capaz el ser humano”.

Despertar dentro de una pesadilla


La tarde del 30 de abril de 2008, policías federales y militares sostuvieron un enfrentamiento en una casa de seguridad de la colonia Guadalupe, a 100 metros de la residencia oficial del entonces gobernador Jesús Aguilar Padilla.

Durante horas, los vecinos quedaron atrapados en sus hogares, mientras afuera retumbaba el tableteo de los fusiles y los delincuentes brincaban por los techos vecinos en un intento por escapar. Detuvieron a 13 presuntos gatilleros, pero las autoridades dieron cuenta de 12. Nunca se supo la identidad ni el destino del treceavo, un hombre cincuentón bien vestido y calzado, con aspecto de empresario.

Al día siguiente, cuestionado sobre si tenía conocimiento de que era vecino de una casa de seguridad, Aguilar Padilla respondió: “Por desgracia y esto no lo podemos evitar, en un momento dado, cualquiera de nosotros puede ser vecino de una casa de seguridad, de una célula de sicarios o de algún miembro de la delincuencia organizada, esa es la realidad”, dijo a los reporteros durante el desfile del 1 de mayo.

Además del desenfado oficial mostrado por el ex gobernador, el enfrentamiento del Día del Niño de 2008 en la colonia Guadalupe exhibió una realidad que socialmente se negó por décadas, pero que ya no fue posible ignorarla: los miembros de las empresas del crimen organizado ya estaban en todas partes.

Lejos quedaron los días de su confinamiento en Tierra Blanca. Muy lejos.

La presencia casi total no es nada más territorialmente, sino que ahora la mafia influye en los hábitos cotidianos, en la conversación diaria. En la aceptación y aspiración de jóvenes, quienes son los que en el futuro tomarán las decisiones en el Gobierno, en las escuelas, en las empresas, en los sindicatos y en todo orden de la vida social, empresarial y política.

Tres años han pasado desde que se agudizó el conflicto violento que asola el territorio nacional y que a la postre produjo la conformación de bloques criminales que hasta entonces no existían: por un lado los hermanos Beltrán Leyva aliados con los Carrillo Fuentes y Los Zetas. Por el otro, Joaquín el Chapo Guzmán, los hermanos Cázarez Salazar e Ismael el Mayo Zambada, aliados con el cártel del Golfo y La Familia Michoacana.

Desde entonces, no solo han muerto decenas de miles de los involucrados, sino también médicos, agricultores, madres, niños, periodistas, maestros, políticos, un secretario de Turismo, taxistas, camioneros, socorristas, trabajadores y cerca de 40 universitarios de la Autónoma de Sinaloa, entre ellos, el más reciente, Álvaro Rendón Moreno, el Feroz, reconocido maestro de la Escuela de Filosofía y Letras.

Los números de la Procuraduría de Justicia del Estado de Sinaloa reportan 5 mil 134 homicidios dolosos de 2008 a la fecha.

Si tan solo se hace un cálculo con un promedio de cuatro integrantes por familia, tendríamos que, por lo menos, 20 mil 536 personas han sido dañadas de manera directa, cantidad que equivale a la tercera parte con relación a los 61 mil 559 nacimientos registrados en todo el país durante 2008, según el censo de 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

El Gobierno federal ha reportado más de 35 mil asesinatos en todo el país. El mismo ejercicio arrojaría un total de 140 mil personas con daños físicos, sicológicos y económicos. El equivalente a la población de Navolato.

Las cifras, sin embargo, son un apoyo para intentar dimensionar lo que sucede.

Aún se desconoce con precisión con qué profundidad han afectado socialmente estos tres años en los que la vida criminal salió del anonimato para asumir un protagonismo e iniciativa inéditas, lo que sí se percibe es que Sinaloa involuciona, el desprecio a la vida gana terreno, el rechazo al estado de derecho se vuelve norma y algunos que en el futuro tomarán las decisiones políticas, sociales o empresariales admiran, imitan o aspiran hoy a la vida de los jefes de la mafia.

Jóvenes, las principales víctimas


El joven reta con la mirada. Rosario al cuello, playera de garabatos y su gorra ladeada se asoma en una fotografía impresa sobre una manta colocada en su tumba.

Fue asesinado a los 19 años. A balazos. Ahora yace entre los mausoleos del panteón Jardines del Humaya.

Conforme se caminan los angostos andadores van apareciendo gráficas con rostros muy jóvenes, algunos casi niños. De 19, de 20, de 23, de 28 años.

Unos están sonrientes, otros hasta con funda de pistola, radios, tres teléfonos colgando del cinto o con la camioneta lujosa. Los botes de cerveza y botellas de whiskey están ahí, en sus tumbas, como tributos.

En otro lugar, de noche, hay un joven que ronda los 25 años y que baila con pistola en mano. Hace como que dispara al aire. Celebra el narcocorrido de su delincuente favorito que escucha a todo volumen.

En las calles caminan múltiples réplicas del capo Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, con sus playeras Polo Ralph Lauren, o copias de ellas, que bien pueden comprarse en tiendas departamentales, en los pasillos del mercado o por mercadolibre.com.

En un intento por comenzar a comprender, Arturo Santamaría Gómez, profesor investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Sinaloa, realizó una encuesta entre 300 jóvenes de 15 a 25 años, que si bien no cuenta con el rigor metodológico, da una idea del impacto de la cultura del narcotráfico.

“La juventud es muy vulnerable, tanto por la inmadurez como por la falta de oportunidades”, dice.

La pregunta principal que se hizo a muchachos de colonias populares de Mazatlán fue: ¿Consideran ustedes que es positivo el narcotráfico en Sinaloa? “El 18 por ciento respondió que sí”, comenta Santamaría.

“Estos muchachos están acostumbrados a ver la violencia, no lo ven como algo grave, que los lastime”.

Del otro extremo del estado, en Los Mochis, el padre Antonio Díaz Fonseca recuerda aquella vez en que, mientras oficiaba misa, lo sorprendió un muchacho de 14 años que repentinamente salió de su oficina, cruzó el atrio y recorrió el pasillo central del templo hasta la calle. El joven había robado en la casa cural y estaba huyendo. Al tiempo, lo encontraron colgado. La versión oficial indicó suicido, algunos dijeron que fue homicidio.

“¿Por qué se suicidó?”, se pregunta el padre, quien es uno de los fundadores del Frente Cívico Sinaloense, “en primer lugar porque no le encontraba sentido a su existencia ya a los 14 años; ya es grave que un adolescente de 14 años no le encuentre sentido a su existencia y por eso se corte la vida”.

“Pero si él no se la cortó y se la cortaron, también, ¿quién se está sintiendo ahora con derecho para ejecutar gente? ¿Por qué la gente se está erigiendo en Dios? ¿Por justicia? Lo que necesitamos es apegarnos a las leyes, y si él es un delincuente, pues entonces que se le juzgue”.

“¿Por qué hay algunas gentes que se erigen como la ley? Porque al final de cuentas las autoridades no están cumpliendo con su función”.

—Usted hacía una reflexión sobre los jóvenes…
—Chamacos que he conocido que han estado aquí en el catecismo que de pronto sé que los mataron, yo no sé si andaban o no andaban, pero a final de cuentas son de las gentes que han matado aquí que me ha tocado celebrar sus funerales aquí, me cuestiono: ¿qué está sucediendo en mi sociedad y yo como iglesia qué estoy haciendo? Y si viéramos esto cada quién desde los suyo, ¿qué nos ha faltado a nosotros como padres? ¿Qué nos ha faltado a nosotros como maestros? ¿Qué nos ha faltado a nosotros como actores sociales? ¿Qué estamos haciendo con nuestros niños y con nuestros jóvenes?
Yo pienso que esto sí puede cambiar si nosotros lo ponemos a ese nivel.

La ideología: “más vale vivir 5 años como rey”

“Más vale vivir cinco años como rey que 45 como buey”, frase que expone Nery Córdova Solís que, aunque es muy recurrida, ilustra la ideología de la narcocultura que va penetrando aceleradamente en barrios, casas y rancherías de Sinaloa.

El autor de la tesis Narcocultura: Simbología de la transgresión, el poder y la muerte, intenta algunas aproximaciones explicativas de lo que hoy ocurre.

“Se trata de una involución, porque están resurgiendo los aspectos más salvajes de los que es capaz el ser humano, es decir, volvemos aun antes de la Prehistoria. Yo creo que ni los animales, ni las bestias, ni los simios tienen actitudes tan salvajes como las que es capaz el ser humano bajo determinadas circunstancias”, describe.

Periodista de origen, en su cubículo de la Facultad, donde apenas caben dos escritorios, explica que los 100 años de historia del narcotráfico han logrado configurar una ideología, expresada, por una parte, en los narcocorridos, y que está sostenida por la corrupción e impunidad de autoridades, amparo de los círculos políticos y empresariales, falta de oportunidades, marginación económica, sistema educativo insuficiente y una sociedad permisiva.

“La cultura de la violencia, la narcocultura, no solamente se refiere a los grupos, a los individuos, directamente involucrados en el negocio sino al público consumidor, a la población que es la que finalmente resiente, recibe y reconstruye y enaltece todo lo que está recibiendo”, explica.

“Esta parte de la recepción resulta la más endeble porque no saben ni lo que están viviendo porque es una cuestión ideológica; cuando tú crees algo, crees en cierto tipo de valores, y eso es precisamente ideología, porque no tienen otro tipo de referencias, no tienen manera de comparar”.

Rompe proceso migratorio

Arturo Lizárraga Hernández tiene 14 años estudiando el fenómeno migratorio, está en la zona de la cafetería de Ciudad Universitaria de la UAS de Mazatlán, desayunando, cuando es interrumpido con la solicitud de entrevista.

Es notoria su timidez, pero el dominio de su tema le da seguridad.

“Ha cambiado la dinámica, propiamente el proceso de la migración. Si antes de 2008, antes de la guerra contra el narcotráfico, tenía ciertas características el proceso migratorio, hoy ya tiene otras”, dice.

Doctorado en Antropología Social, el investigador universitario explica que el proceso tradicional de migración era de ida y vuelta. Es decir, cuando acababa el ciclo de la mariguana y amapola, la gente de las comunidades serranas emigraba para emplearse a los valles de Sinaloa o a Estados Unidos. Luego volvían a su tierra cuando se reiniciaba el ciclo de los enervantes.

Vino el 2008 y los combates entre grupos del crimen organizado, así como la intensificación de destrucción de plantíos por parte del Gobierno federal, en la que, al parecer, los más perjudicados han sido los productores, no los jefes, provocaron que los migrantes ya no volvieran a sus pueblos.

“La gente está abandonando sus pueblos y a diferencia de antes que regresaban, hoy se van para no regresar. Se interrumpió el proceso de ida y vuelta”, expone.

A esto, se sumó la crisis de EU.

“Con la crisis de EU ha disminuido el número de migrantes de la zonas rurales hacia EU”, describe.

“Y los que estaban allá en buena medida han tenido que regresar al país, pero como ya no existe esa fuente de ‘trabajo’ en sus comunidades de origen, y como hay una crisis generalizada, ya no pueden emplearse ni en sus comunidades ni en las ciudades (de Sinaloa) ni en los EU”.

Y esto es para Lizárraga Hernández otra línea que podría explicar el sicariato, pues el principal grupo de migrantes consiste en jóvenes de 17 a 27 años, quienes hoy no encuentran empleo ni en el estado ni en el país vecino.

“Si contrastamos los grupos de edades de los ex migrantes, ahora desempleados, con los grupos de edades de los sicarios que están muriendo, son exactamente esos grupos de edad”, observa.

“Eso me hace pensar que existe una correlación entre crisis económica, guerra del narco y cooptación de los jóvenes para involucrarlos a los sicarios. Eso es grave”.

En busca de la sociedad posible

Tres años en los que se aceleró el centenario proceso de degradación social tienen a la sociedad en un círculo vicioso que ha generado pesimismo, miedo e incertidumbre, ¿cómo salir de él?

Antonio Díaz Fonseca cree que la generación de ciudadanos responsables, autónomos, con oportunidades de empleo y educación, podría ser la respuesta para que, al menos, dentro de dos generaciones más exista una mejor sociedad.

“¿Qué es autónomos?”, expone, “que sepan gobernarse a sí mismos, que tengan sus propios principios, sus propios valores y tomen sus propias decisiones de una manera autónoma, libre y que se hagan responsables de las consecuencias de sus actos”.

“Tenemos que generar empleos para la gente, tenemos que crear alternativas para la gente. ¿Cómo puedes tú considerar que Badiraguato (la cuna del narcotráfico) sea el municipio más atrasado de Sinaloa y que sea uno de los municipios más atrasados de todo el país? Yo soy muy mal pensado”.

El padre, fundador del Frente Cívico Sinaloense, ve en la educación el punto de partida para esa nueva sociedad.

“Diría aquel canto de Navidad de los nicaragüenses: ‘Son más importantes 100 maestros que un blindado batallón’. Queremos que esa gente salga del atraso, salga de la miseria, tenemos que darle educación y darle empleo, si no…”.

Punto de quiebre. Las cifras

A partir de 2008, es notorio cómo en Sinaloa, Chihuahua, Durango, Coahuila, Baja California, Jalisco, el Estado de México y Oaxaca, se dispara el índice de homicidios relacionados con la delincuencia organizada.

En los años siguientes, las cifras siguen aumentando. Y aumentando.


Entidad

2007

2008

2009

2010

Aguascalientes

37

38

31

46

Baja California

209

779

484

540

Baja California Sur

6

2

1

10

Campeche

8

7

6

10

Coahuila

18

78

179

384

Colima

2

12

33

101

Chiapas

57

82

88

77

Chihuahua

244

2118

3345

4427

Distrito Federal

182

144

135

191

Durango

108

276

674

834

Guanajuato

51

79

234

152

Guerrero

299

412

879

1137

Hidalgo

43

38

34

52

Jalisco

70

148

261

593

México

111

364

440

623

Michoacán

328

289

590

520

Morelos

32

48

114

335

Nayarit

11

28

37

377

Nuevo León

130

105

112

620

Oaxaca

62

121

87

167

Puebla

6

22

28

51

Querétaro

5

6

13

13

Quintana Roo

26

29

32

64

San Luis Potosí

10

34

8

135

Sinaloa

426

1084

1059

1815

Sonora

141

252

365

495

Tabasco

27

35

65

73

Tamaulipas

80

96

90

1209

Tlaxcala

0

3

6

4

Veracruz

75

65

133

179

Yucatán

4

18

1

2

Zacatecas

18

25

50

37

Fuente: Gobierno Federal. Actualización a diciembre 2010.

Esta información es susceptible a cambios debido a la metodología de conformación de la base de datos.

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